El Señor de Huanca - 14 de Setiembre
La
festividad es celebrada cada 14 de septiembre, caracterizada por una
peregrinación multitudinaria de devotos del Cusco, Perú e incluso de
diferentes lugares como Bolivia, Paraguay, Argentina y Chile, se dirigen
al Santuario de Huanca para recibir bendiciones.
Amanece en el santuario y la luz encuentra a cientos de peregrinos
arrodillados al calor de unas velas, siempre abrazados a una imagen, a
una oración, a su fe. Allí se encuentra la piedra pintada con el motivo
de tanta veneración: un Cristo agobiado por los azotes, el Señor de
Huanca.
El santuario del Señor de Huanca está ubicado a 48 Km. de la ciudad del Cusco a 3,100 m.s.n.m. en el distrito de San Salvador, provincia de Calca en el departamento de Cusco.
Para llegar hasta este sagrado lugar algunos lo hacen en auto, muchos a pie. Los más devotos llegan caminando desde la Ciudad Imperial, lo que les toma entre cuatro y seis horas. Por eso, y por la cantidad de fieles que tiene en el Perú, Argentina, Paraguay, Bolivia y Chile, la peregrinación al Señor de Huanca es una de las más significativas del país y, también, una de las más esperadas.
PEREGRINACIÓN AL SANTUARIO DE “EL SEÑOR DE HUANCA”
Desde Cusco, toma de 4 a 6 horas de caminata para llegar a “El Señor de Huanca” y 45 min a 1 hora en carro.
Huanca está situado en las faldas de la
montaña Pachatusan (en quechua, "el que sostiene el mundo"), muy próximo
al río Vilcanota.
ORÍGENES DE LA FE
Existen varias versiones sobre cómo se inició la devoción por la imagen
de la piedra. Se cuentan básicamente dos, por eso cree que son las
principales. La primera historia fue allá por 1675. Diego, un indio
cansado de los maltratos de los españoles, escapó hasta Huanca y rezó
durante todo el día para que no lo encontraran. Y así fue. Luego se
aparecería ante él la imagen del Cristo ensangrentado. Asombrado por el
milagro, Diego envió un pintor a aquel preciso lugar para que
reprodujera lo que había visto. Donde se pintó la piedra, se construyó
una capilla que luego se volvería el santuario.
La otra versión del origen de la devoción: Un boliviano llamado don
Pedro Valero, desahuciado él, conoció a un doctor extranjero que,
milagrosamente, lo salvó después de brindarle un tratamiento de aguas. A
cambio, el médico, que respondía al nombre de Enmanuel, solo pidió que
Valero fuera a visitarlo a su casa en Huanca. Grande fue su sorpresa
cuando, en 1778, llegó al lugar y los pobladores le dijeron que en esa
localidad no había nada, tan solo una capilla abandonada. Terco fue
hasta el sitio señalado y halló una piedra pintada con un Jesucristo
azotado. Lo increíble fue que el rostro del hijo de Dios era el mismo de
la persona que lo había sanado.
PETICIONES A ESCALA
En la zona comercial donde decenas de puestos ofrecen a los fieles
pequeñas representaciones, a manera de juguetes, de lo que desean
pedirle al Señor. Luego ellos llevan los objetos para que sean
bendecidos por el obispo: casas, vehículos, tiendas de abarrotes,
pasaportes para los viajeros, títulos universitarios, millones de soles,
dólares y euros; botiquines, celulares y cualquier cosa que se pueda
imaginar, cualquier cosa que se pueda pedir.
La misa está por terminar y todos los presentes esperan la bendición: la
avalancha humana se lanza tras una gota de agua bendita. No hay para
todos, pero eso no importa porque igual se marcharán con la gracia del
Señor de Huanca.
Por lo general, los peregrinos suelen llegar días antes y quedarse
algunos después del 14 de setiembre, fecha central de la celebración.
Duermen en carpas, cerca del parque Siloe, donde reposa el agua del
Señor de Huanca. Más de uno está convencido de que se sanaron
milagrosamente después de lavarse la cabeza en este recinto. Cada 14, la
imagen llega a este lugar en procesión y bendice el agua. Luego se
encuentra con la Virgen Dolorosa en el frontis del santuario, para
después guardarse hasta el año que viene.







